Que como pareja vamos a pasar por diferentes crisis, está claro. Que además, es necesario: esta es la buena noticia.

La pareja es un ente en movimiento, un proceso en constante evolución, como la vida misma. Nosotros cambiamos, el entorno cambia, las situaciones que nos rodean cambian. Por tanto, la pareja, debe cambiar también. Y cada conflicto expresado y bien gestionado es una oportunidad de crecimiento y de reajuste de dos naturalezas que están aprendiendo y creciendo cada día.

Cuando aparecen las primeras dificultades en la pareja

“¡Es que ella ya no es como antes! Antes era cariñosa, entregada, se preocupaba por mí, siempre quería que estuviésemos juntos y hacía lo imposible para que así fuera…” “Él antes hablaba, tenía ilusión por hacer cosas juntos… ¡Y ahora no pasa tiempo con el niño ni conmigo, llega tarde del trabajo y ya ni siquiera viene a comer a casa!”

A veces, los conflictos internos no gestionados, nos llevan a alejarnos de la pareja, a ir creándonos un mundo aparte. Cuando nos hemos alejado gravemente de lo que queríamos y digo de lo que queríamos, porque ya ni somos conscientes de dónde estamos, de lo que queremos y hacia dónde nos estamos dirigiendo con nuestra conducta; aparece la infelicidad, la frustración, y  como consecuencia, la huída física y/o emocional. Podemos seguir conviviendo con nuestra pareja, pero aislados afectivamente. No sentimos nada, no estamos bien con la pareja, no damos lo que el otro pide, pero seguimos ahí, normalmente defendiéndonos con el enfado y el mal humor constantes.

¡¡Pero atención!! ¡El problema no es el otro, no es la otra persona la que tiene la culpa! :::

¡¡El problema es con la relación!!

En una relación hay tres componentes: fulanitofulanita y “la relación de fulanito y fulanita”. Lo que no te satisface, no es lo que hace o no hace el otro, sino la relación. Empezando por ahí, vamos a seguir viendo.

Inicio de la relación e historias previas individuales

En el inicio de la relación pasamos por la etapa del enamoramiento, el otro es un ser casi perfecto y generalmente vamos idealizándolo, cada vez más, dejándonos llevar por nuestros propios ideales y no viendo mucho de la realidad. Después, poco a poco, irán apareciendo dos YO-es, surgiendo deseos, necesidades, valores y proyectos de cada cual.

Es muy importante que cada uno sepa y tenga muy claro lo que desea, lo que espera y lo que necesita de una pareja, además de saber, lo que cada uno desea de sí mismo, como persona independiente en las demás áreas.

Para ello, es necesario aclarar cuanto antes a qué se está dispuesto a renunciar, lo que es negociable y lo que no, para cada uno. Cuánto más tiempo estemos en la etapa del enamoramiento, en lo que el otro quiere o le gusta para confluir con ello, más conflictos supondrá.

En esta fase de luna de miel, es importante saber comunicarsesaber encontrarse y  preguntarse qué tipo de pareja se quiere por ambas partes. Para esto, como decía antes, es importante que cada uno tenga claro qué es lo que quiere, qué es lo que no quiere y hasta dónde puede negociar. Así, evitaremos perdernos en lo que el otro quiere para sí, y nos ahorraremos grandes dosis de frustración a medio y largo plazo.

Muchas veces, en terapia, se trata de reubicar a la persona en una vida en la que pueda desarrollar al máximo sus aptitudes, para así encontrar el espacio también en la pareja.

En resumidas cuentas, en la fase de formación de la pareja y también en posteriores crisis, si aparece conflicto en alguna de las siguientes áreas, es necesario elaborar diferentes acuerdos sobre:

  • Aspectos prácticos de la vida en común
  • Las formas de manejarse con las familias de origen
  • Expresión y manejo de las emociones
  • Reparto del poder
  • Compromiso
  • Reglas de la propia relación
  • Negociación de roles
  • Reparto de tareas

Y sobre todo, será fundamental, la toma de conciencia y aceptación de las diferencias que existen entre ambos como sujetos individuales.

Clara Martínez

www.claramartinez.es